TEXTOS

Pilsen: historia del barrio y de la identidad latina

By May 16, 2019 No Comments

Publicado en Revista Contratiempo (Octubre 2010)

Una serie de circunstancias conciben la formación social de un centro de arte, cultural, intelectual y de activismo político ubicado en la orilla suroeste de la ciudad de Chicago, llamado Pilsen. En sus orígenes del siglo XIX, Pilsen era habitado por inmigrantes europeos en su mayoría checos y polacos, de clase trabajadora. A mediados del siglo XX, comienza un proceso de urbanización en Chicago – la construcción de las carreteras Eisenhower y Dan Ryan, así como la ampliación del Centro de Medicina de UIC – destruyendo vecindarios al norte de Pilsen. Suceso que provocó una movilización de entidades y la formación del primer barrio mexicano en el medio oeste; una congregación de mexicanos y mexicoamericanos (chicanos) adoptaron y acogieron a Pilsen como su propio Aztlán.

En los años 40 y 50, cualquier persona que no fuera blanca era un enemigo; situación similar que se presenta en nuestros días con las medidas anti-terroristas. Los primeros habitantes mexicanos en Pilsen, sufrieron el racismo de las comunidades anteriores que aun permanecían dentro del vecindario como con la prohibición de entrada a ciertos lugares o con letreros que expresaban el no servicio en español.

A lo largo y ancho del país surgen los movimientos laborales y civiles de las minorías, a fines de los años 60, en contra del desacuerdo y la desigualdad.

Movimiento Chicano en Pilsen

El movimiento Chicano se dio como un acto de rescate por su identidad, basándose en las lecturas de José Vasconcelos sobre la Raza de Cósmica, así crearon su propia revolución en Estados Unidos, concluyendo en que: “La independencia social, económica, cultural y política es el único camino total para la liberación de la opresión, explotación y racismo. La lucha debe ser por el control de nuestros barrios, campos, pueblos, tierras, nuestra economía, nuestra cultura, y nuestra vida política. El Plan compromete a todos los niveles de la sociedad Chicana – los de barrio, el campesino, el ranchero, el escritor, el maestro, el trabajador y el profesional – a La Causa”. Plan Espiritual de Aztlán, 1968.

Al igual que cualquier otro barrio pobre del país, Pilsen se encontraba sumergido en pandillas, en violencia, era un foco de distribución de droga, era un barrio totalmente olvidado, ni siquiera limpiaban las calles, no existía un puente cultural con el resto de la ciudad, pero a pesar de las circunstancias siempre había sido un barrio obrero. El inicio de un barrio más humanizado fue debido a la concientización y politización de sus habitantes por medio del movimiento chicano; las protestas, huelgas y boycotts se conjugaban con un oleaje de expresiones artísticas enfocadas en denunciar las injusticias sociales, enaltecer los derechos civiles así como su historia y la cultura de “La Raza”.

Las imágenes tienen el poder de dar forma a nuestra definición de quien y de lo que somos capaces de realizar. El arte hace tangible nuestras visiones a futuro y nuestras interpretaciones de la historia, nuestro pasado; además el arte nos muestra de manera concreta nuestras experiencias de la vida diaria. La elección de los artistas con ideales radicales y políticos que seguían el movimiento se encontraban comprometidos con un vecindario en ruinas, que aclamaba por manifestar sus expresiones. De manera accesible se llegó a la clase trabajadora ya sea por letreros, posters o panfletos.

Sin embargo, artistas como Mario Castillo con “Metafísica” en 1968 y Ray Patlán con “Hay Cultura en Nuestra Comunidad” (fachada de Casa Aztlán) en 1970, decidieron manifestarse de manera impetuosa, envolviendo a los habitantes de Pilsen en los primeros murales comunitarios – forma artística que permite articular la lucha de sus comunidades, haciendo frente a sus problemas locales como la urbanización, los brutalidad policiaca, el abuso de drogas y la guerra entre pandillas –. A demás, los murales también nos narran los problemas raciales, el sexismo y la opresión cultural.

Los elementos esenciales de un mural comunitario son el diálogo entre el muralista y la comunidad y la voluntad de compromiso en algunas imágenes, aunque no sea el tema principal. Las historias trazadas en los murales revelan que el muralista puede colocar su arte y su compromiso a la vanguardia de la lucha de clase y raza, elevando la conciencia de la gente y dejando a tras un hito de la declaración social y del arte para las personas a reflexionar en los próximos años. Como el caso de Marcos Raya, cuando repintó la fachada de Casa Aztlán en 1974 y pintó por primera vez al Che Guevara, que aunque no les gusto a algunos como a los Brown Berets, le dio un giro ideológico a la Institución y la fusión de una nueva identidad al barrio de Pilsen

Creación de instituciones y organizaciones culturales

Fueron 15 años de lucha y proliferación – en cambiar la calidad de vida de los Pilserianos – desde que se comenzó a pintar murales en Pilsen, conjuntamente se emprenden las clases en Casa Aztlán y se abren las puertas de otras organizaciones como Latino Youth, Mujeres Latinas en Acción, El Valor, Centro de la Causa, Pilsen Neighbors, la Organización de Estudiantes Latino Americanos y los Brown Berets; el dinero que llegaba para las artes, se filtraba por medio de las organizaciones y se le pagaba cierta cantidad a los pintores/muralistas.

La actividad muralista vivía enérgicamente en el barrio de Pilsen y en los alrededores de Chicago; en menos de una década se produjeron más de 300 murales en la ciudad. A consecuencia de la creación en 1970 de un grupo multicultural, Chicago Mural Group, hoy en día conocido como Chicago Public Art Group, entre sus fundadores se encuentran: William Walker, John Pitman Weber, Mitchell Caton, Ray Patlán y Eugene Eda.

Otro reluciente grupo dentro del campo de las artes fue el Movimiento Artístico Chicano (MARCH) iniciado en 1975 por José Gamaliel González y el historiador de arte Victor Sorell entre otros artistas activos dentro de la comunidad como Carlos Cortez, Carlos Cumpián, Ray Patlán, Mario Castillo, Alejandro Romero, Aurelio Díaz, Salvador Vega y Marcos Raya que se encargaron de llevar el arte latino a exhibiciones y eventos culturales a diversos lugares, al mismo tiempo que se movilizaban al servicio de “La Causa”.

Los Brown Berets, militantes chicanos veteranos de la Guerra de Vietnam, se localizaban en las instalaciones de Casa Aztlán. En 1972 crearon la Clínica de Salud Benito Juárez que proveía atención médica gratuita a Pilsen y a todas las comunidades de bajos ingresos. Otro logro que debe recalcarse de los temidos Brown Berets fue la lucha por la educación pública. La comunidad necesitaba una escuela de nivel medio superior en el área; los Brown Berets junto con familias, estudiantes y miembros de la comunidad tomaron una escuela por un día completo, pero al llegar la fuerza policial se reusaron y aquello termino en una confrontación y con la creación en 1979 de lo que hoy conocemos como la Benito Juárez High School.

Un Éxodo de Mexicanidad

A principios de los años 80, José González lanza una segunda iniciativa, Mi Raza Arts Consortium (MIRA) dándose a la ardua tarea de implicarse con la comunidad artística latina; con agigantados pasos González unió no solo a las comunidades artísticas chicanas y mexicanas, sino que también abrió un vínculo con el resto de las sociedades latinoamericanas en Chicago. La lucha de MIRA fue por abrir espacios y oportunidades en los grandes museos para dar a conocer el arte latinoamericano, al igual que ayudar a los artistas a encontrar becas y/o subsidios para desarrollar talleres y exhibiciones.

Pero sin duda alguna, el logro más reverberante en Pilsen fue en 1982 cuando se promulgó la iniciativa de un “Mexican Fine Arts Center Museum, hoy en día National Museum of Mexican Arts”, que culminó en 1987 con su edificio ubicado en el 1852 al Oeste de la Calle 19.

La incredulidad de algunos ante un proyecto institucionalizado como el MFACM, hizo creer que no cumpliría con las expectativas de la representación exacta de una comunidad mexicana y chicana dentro de un mismo recinto. Sin embargo el NMMA lleva ya más de 20 años fusionando la conjugación de ambas congregaciones por medio de su “Mexicanidad” – exhibición permanente –, y con exhibiciones distintivas como: en 1997, con Pilsen/Little Village: Our Home, Our Struggle; en el2002con Xicágo, reflejando las experiencias de los artistas del pasado y continuando una conversación con el crecimiento de sus comunidades mexicanas; y enel 2005, con Chicano Visions: American Painters on the Verge.

Durante esta misma década, en los años 80, directamente llega a Pilsen un éxodo de mexicanos; se rumoraba que algo grande pasaba por estos lugares, que existía un gran auge y empuje hacia las artes. Entre los nuevos rostros que se asentaban en la comunidad estuvieron Héctor Duarte, Diana Solís, Esperanza Gama, René Arceo por mencionar algunos. Fue una época definitivamente cambiante, giró de un arte de La Raza y Revolucionario a un arte solidario y/o de compromiso social.

El barrio de Pilsen comienza a respirar aires bohemios, con la llegada de nuevos rostros artísticos y aclimatándose a su nuevo ambiente, montan sus estudios en el área; surgen las primeras galerías de arte en Pilsen como “Prospectus Gallery” y los espacios colectivos como “Calles y Sueños”, centros de reunión y de palabra libre como “La Decima Musa”, y así consecutivamente brotan los primeros cafés bohemios.

Comunidad y consciencia

Los Habitantes de Pilsen son en su mayoría inmigrantes, de clase media trabajadora, mexicanos, mexicoamericanos. El costo de las viviendas todavía se mantiene considerablemente bajo a comparación de otros vecindarios de Chicago. Su ubicación geográfica es envidiable; relativamente cercana al centro de la ciudad, colinda con las avenidas Halsted y Western del lado Este y Oeste respectivamente, del lado Norte con la calle 16 y al sur con el Chicago River; y para complementar la rodean y entre lanzan diversas rutas de la CTA – por autobús y por tren.

Al parecer Pilsen pudiese ser el lugar perfecto para habitar, hecho que ha creado expectaciones a lo largo de casi 30 años, con un posible desplazamiento urbano. Algunos comentan que Pilsen se ha mantenido remarcablemente bien a comparación de otros vecindarios y que es impresionante que el ataque de empresas inmobiliarias no esté más concentrado con excepción del lado este de Pilsen con el mini imperio de la familia Podmajersky. Otro punto notable de desplazamiento urbano dentro de Pilsen es la calle 18 y su ambiente bohemio, que han atraído a otras comunidades no latinas con la apertura de boutiques y tiendas de ropa, restaurantes y bares.

Sin embargo, la proyección fortalecida de su imagen cultural, identidad y carácter – reflejada en sus murales o en sus instituciones – de su comunidad mexicana ha retrasado de manera considerable este proceso. La unidad de la comunidad artística e intelectual ha reiterado su estadía en Pilsen por muchos años más; atrayendo e incitando a las nuevas generaciones de artistas a ser parte de la comunidad por medio de la enseñanza, por colaboraciones en colectivo junto con artistas ya establecidos, creando y manteniendo sus festivales y eventos culturales para la comunidad o invitando a artistas de otras comunidades (aliados – que hayan formado parte en el desarrollo de Pilsen a lo largo de su trayectoria) a constituir parte de la comunidad ocupando los espacios vacios que la gente ha dejado a causa de recesión económica, que de alguna manera u otra.

A lo largo de la historia del barrio de Pilsen se ha formado una comunidad artística comprometida con los valores e intereses de sus habitantes. Esta comunidad artística ha guiado el rumbo de un barrio en ruinas a un barrio colorido y vivido. Por medio de expresiones artísticas Pilsen se consolidó como una identidad mexicana/chicana, resolviendo problemáticas de pandillas, trabajo, educación, salud, etc., y su espíritu siempre seguirá siendo de lucha, solidaridad, concientización política y la lucha contra el racismo en todas sus formas.

Leave a Reply