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Imagen de la voz de la comunidad: Los Murales de Pilsen

By May 9, 2019 No Comments

Históricamente la evolución del hombre ha sido grabada y matizada desde siempre, en piedra, paredes o muros, remontándonos a partir de la era prehispánica o revolucionaria hasta nuestros tiempos contemporáneos; a través de murales hemos marcado nuestras raíces, nuestras luchas, nuestros ideales, el desacuerdo social, las injusticias, batallas, territorios y en ocasiones idolatramos futuros idóneos en ellos. Por tanto, la historia se encuentra plasmada ahí, para todos aquellos que no osan del hábito de la lectura, solo necesitan voltear a su alrededor y mirar su reflejo, porque estamos marcados como sociedad dentro de nosotros mismos.

A principios de la década de los 20 en México, dentro de una era de cambios políticos y sociales tras la Revolución, aparecen los tres grandes muralistas que encabezan el renacimiento mundial del arte mexicano: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Estos concebían murales día a día mostrando la lucha y el desacuerdo del pueblo, así como sus propias tendencias y líderes políticos. En la década siguiente, estos personajes llegan a Estados Unidos trayendo consigo una oleada muralista a edificios gubernamentales, librerías y zonas industriales.

Pero es hasta los años sesenta cuando el muralismo llega a Chicago, en un momento en que movimientos civiles y laborales ganaban peso, y sus manifestaciones se reflejaban en una coloratura más viva de la ciudad. El primer mural al aire libre fue “The Wall of Respect” (1967), de William Walter, en el Sector Sur. En menos de una década se produjeron más de 300 murales en la ciudad, concentrándose específicamente en varios barrios.

La llegada del muralismo coincide con profundos cambios en Pilsen, un vecindario localizado en una orilla del suroeste de la ciudad, y cuya población había sido históricamente centroeuropea y trabajadora. Desde mediados del siglo XX, la población del barrio es progresivamente remplazada por jóvenes mexicanos y méxico-americanos, que comienzan a instituir su identidad mediante el arte mural, inspirados por el trabajo de Walker e influenciados por Rivera, Orozco y Siqueiros

Germinando un Pilsen pintoresco, aparecen en escena personajes como Mario Castillo, Ray Patlán, Héctor Duarte, Marcos Raya, Alejandro Romero, entre otros, forjando y trazando el carácter enérgico, solidario y consistente de una comunidad hacia un activismo laboral y una conciencia cultural tradicionalista.

El primer mural registrado de esta generación fue “Peace” o “Metafísica” (1968) por Mario Castillo. En los años setenta se inaugura en Pilsen Casa Aztlán que pronto se convierten en centro del movimiento mural, en especial a partir de que Ray Patlán, junto con un grupo de jóvenes puertorriqueños y mexicanos, comienzan a pintar sus paredes, en colores vivos, la historia de América Latina. Estos murales desaparecen en 1974 a causa de un incendio. Pero Marcos Raya restaura la fachada, pintando los rostros de personajes como Emiliano Zapata, Cesar Chávez, el Che Guevara, Benito Juárez, Pancho Villa, Frida Kahlo y Rudy Lozano.

Identidad y Arte

La temática utilizada en los murales desde entonces hasta fines de los años noventa incluyó cuestiones agrícolas y laborales, símbolos indígenas, rostros de líderes y héroes mexicanos, imágenes religiosas, algunas situaciones políticas internas de Chicago y siempre el pueblo, la gente; independientemente de los problemas de la época, algo sumamente representativo dentro de la cultura mural es la gente y el resultado de la interacción con su entorno.

En los murales de Pilsen se radicó la identidad y el carácter completo de una entidad. Las nuevas generaciones están tomando posesión del seguimiento de nuestra historia y se están encargando de registrar los acontecimientos actuales que afectan a nuestra sociedad. La nueva oleada de murales habla sobre migración, educación, globalización, la familia, el medio ambiente, la guerra, e incluye iconos y personajes del medio artístico, en un contexto cotidiano.

Algunos murales de la nueva generación están manejando el folklore mexicano a flor de piel, pintando modelos provenientes de distintas épocas pero que se unen por la fuerza y el impacto que los hizo sobresalir. Por ejemplo, en la esquina de la calle 18 y la Wood, dentro de un mismo cuadro podemos apreciar a Sor Juana Inés de la Cruz, la Corregidora, Dolores Huerta, la Adelita, María Félix, Frida Kahlo y a un grupo de chicas bailando un jarabe tapatío, representando el orgullo por las tradiciones populares, al tiempo que la admiración por símbolos históricos, y hasta por ídolos más contemporáneos, como Joan Sebastián o Ramón Ayala.

Pero los murales siguen explorando temas de profunda importancia para la comunidad, especialmente los relativos a migración, familia y educación. En ese sentido destacan “Declaration of Immigration” (2009) el mural más reciente en el área de Pilsen, que se encuentra ubicado a espaldas del edificio de Radio Arte/Yollocalli en la calle 18 y la Blue Island, y que a las mariposas como símbolo del inmigrante, las mariposas, para proyectar el reclamo de una legislación justa en torno a las cuestiones migratorias. Por otro lado, una de las esquinas más ricas en murales es la Ashland y la 19, donde se han plasmado en las fachadas los riesgos de ser inmigrante indocumentado, y los tipos de trabajos que el inmigrante desarrolla; también abundan los temas de la fe, la importancia de la unidad familiar, y la lucha por una vida mejor para los hijos de los inmigrantes.

Dentro de las problemáticas mundiales, “Globalización” (2007) ubicado en la Allport y la calle 19, representa la lucha actual entre potencias mundiales y religiones, y su impacto sobre las familias.

La combinación de dos generaciones murales ha situado a Pilsen dentro de una fascinación artística y como una entidad propia. A lo largo de medio siglo, la transición de temáticas ha dejado múltiples ventanas no simplemente como decoración sino que también han sabido recoger las transformaciones del tiempo.

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